El pecho femenino [1]

El erotismo del pecho femenino posee todos los ingredientes concentrados en una forma universal que es vista, olfateada, tocada, rasgada, inspirada, sorbida, mordida y chupada, afligida, amada y agredida, un objeto cuya carne más allá de su intención procreadora, fisiología, anatomía y patología mamaria, despierta el instinto la atracción y el deseo, la instigación, inspiración, fantasía, estimulación, un compendio de sensaciones y pulsaciones que desbordan la líbido masculina y femenina. Un misterio incitante y perturbador que nunca sabes bien si acariciar, estrujar, mamar y chupar, atrapar entre los dientes, azotar y lacerar. La saliva, la leche, la sangre, la orina y el esperma excitan, embadurnan, conmueven, profanan, empapan su piel receptora. El pecho turba y perturba, enternece, alimenta, pasiona y apasiona, despierta lo mejor y lo peor, recibe suave y templado nuestra caricia cuando apoyamos nuestra mejilla en un seno binario, y soporta dolido el azote de la fusta y el látigo cuando herimos sin piedad su delicadeza vulnerable para negar el irresistible poder que emana.

De la serie HONESTIDAD SALVAJE.